“Arroyos de Paraná: las venas de la contaminación al río”

La contaminación por plásticos es aquella dada por la dispersión descontrolada de residuos de este material en ambientes naturales. Ésta no deja de crecer en cantidad y extensión, causando daños irreversibles que aun la ciencia no logra cuantificar en su total magnitud. Presente en ríos y mares, selvas y desiertos, alimentos y hasta en nuestra propia sangre, este tipo de polución forma parte innegable de nuestra vida, de nuestra cultura y de nosotros mismos (literalmente). Por más de 60 años, la producción global y el consumo de plásticos ha ido en vertiginoso aumento. Como humanidad, hemos producido unos 5.000 millones de toneladas de plástico, lo que sería suficiente para envolver el planeta entero con una capa de film transparente. De la producción anual de plásticos, un injustificable 40% se destina a artículos descartables, tales como envases de bebidas y alimentos, bolsas de supermercado y empaques de todo tipo. Debido a su escasa biodegradación, muchos de estos productos acaban acumulándose dónde no deben: en ríos, lagunas, mares, praderas, montes, etc. Tornándose así en un problema global con consecuencias locales, comparable al cambio climático en magnitud y extensión.

Un estudio realizado por científicos del CONICET, publicado en la revista científica Environmental Pollution, abordó esta temática en ambientes regionales. Los investigadores registraron una gran concentración de basuras plásticas en la conocida playa paranaense del Thompson y en la isla Curupí (también llamada Islote Municipal), entre otros sitios del río Paraná cercanos a la ciudad capital entrerriana. La gran mayoría de los residuos plásticos registrados fueron de origen doméstico y de uso cotidiano: bolsas de supermercado (principalmente compuestas de polietileno de alta y baja densidad), envolturas y empaques de alimentos (polipropileno y poliestireno), bandejas y vasos de Telgopor (poliestireno expandido) y botellas (tereftalato de polietileno).

Las mayores concentraciones de macro- y microplásticos (fragmentos mayores a 2,5 cm y menores a 5mm, respectivamente) se registraron en la playa del Thompson, inmediatamente aguas abajo de la desembocadura del Arroyo Las Viejas. Los científicos encontraron un promedio de casi 5000 fragmentos de microplásticos sobre esta playa, incluso en algunos sitios específicos la cifra ascendió a valores superiores a 36.000 micro-partículas por metro cuadrado. En otras palabras, la próxima vez que se tienda a tomar sol en esta playa, sepa que no solo hay arena debajo su cuerpo.

La isla Curupí presenta una situación toxicológica diferente, aunque no por eso mejora la anterior. Ahí las concentraciones de micro-plásticos son relativamente bajas (unas 130 partículas por metro cuadrado). Sin embargo, se registró una media de 170 botellas por cada 100 m lineales recorridos sobre su margen. Si el perímetro de esta pequeña isla es de aproximadamente 2.500 m, entonces más de 4.000 botellas deben de ser retenidas y liberadas tan sólo de sus bordes (dependiendo de las condiciones hidrométricas del momento).

Por otro lado, los mismos autores registraron partículas de microplásticos (en su mayoría fibras de tejidos) en el tracto digestivo de sábalos (Prochilodus lineatus), especie comercial ampliamente consumida y clave del sistema ecológico del Paraná. Asimismo, también se registraron estos microplásticos en rayas (Potamotrygon motoro) y armados (Pterodoras granulosus). En otras palabras, los peces están ingiriendo nuestros plásticos desechados.

La ineludible pregunta es: ¿de dónde proviene toda esa contaminación plástica? Basados en la abundancia, tipo y distribución de los residuos encontrados, los autores apuntan a los arroyos de la ciudad de Paraná como vertederos de contaminación. Sin rodeos, la contaminación plástica masiva encontrada en el río Paraná y su fauna íctica tendría su origen en una gestión inadecuada de los residuos sólidos urbanos, muchos de los cuales van a parar a los arroyos de la ciudad y de éstos al cauce del río (Paraná cuenta con 16 cuencas hídricas, y una histórica mala gestión de sus residuos).

Indudablemente, se requieren nuevas acciones para gestionar adecuadamente los residuos sólidos urbanos en esta urbe, desde su origen hasta su disposición final. Luego, el saneamiento de los arroyos será tarea necesaria, evitando su entubamiento e incorporando estos elementos naturales al diseño de la ciudad. Reducir la degradación ambiental de los arroyos urbanos contribuirá, entre otros beneficios, a minimizar la aparición de enfermedades emergentes, precaver la proliferación de vectores patógenos y contribuir a su apropiación y disfrute por parte de los ciudadanos.

Por Dr. Martín Blettler

Biólogo, Investigador CONICET (Argentina).

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