En la noche del jueves se realizó una movilización de vecinos en el frente de la Comisaría Sexta de Gualeguaychú. El reclamo estuvo orientado al accionar policial y la liberación de un hombre de 35 años que permaneció unas horas en la comisaría luego de unas supuestas amenazas a un vecino que había realizado la convocatoria.

La historia tiene su inicio el martes, con el robo de dos bicicletas a una familia que utilizaban para trasladar a uno de sus niños con autismo a la escuela especial en el centro de Gualeguaychú. Una de las dos bicicletas, que le pertenecía a otro de los hijos de la pareja, fue recuperada en un descampado lindero a la casa del sospechoso, pero la otra hasta el momento no ha sido ubicada.

Este caso causó gran indignación en el barrio y por ello se decidió realizar la movilización porque muchos habían sido víctimas de robo por parte de este sujeto. Pero pasado el mediodía del jueves, el supuesto delincuente concurrió hasta el domicilio de una de las personas que convocaba a la marcha y con una barreta en una de sus manos, acompañado de su pareja, lo amenazó.

La situación no quedó ahí. El hombre que estaba siendo abordado no se amedrentó y junto a un grupo de vecinos que advirtieron lo que estaba pasando en la puerta del taller de herrería que hay sobre calle Bomberos Voluntarios, obligaron al denunciado a que se retirara y lo corrieron hasta un descampado lindero a la iglesia Asunción de María, donde existe un centro de rehabilitación para adictos.

“Eso es un aguantadero, no es un centro de rehabilitación”, señaló uno de los vecinos que sufrió robos y acusa a este hombre como el responsable. El acusado se escondió en ese lugar y debió intervenir el personal de la Comisaría Sexta, que se encuentra en la esquina. Fue trasladado hasta la comisaría mientras el hombre que había sido abordado y amenazado con la barreta realizó la denuncia. Pero luego de unos minutos y ante la mirada de varios vecinos que se convocaron en la esquina para repudiar al sospechoso, fue escoltado hasta el móvil policial que lo dejó en la casa de su madre y hermanos, en el barrio 348.

Obviamente que esta situación enardeció al barrio. “Estamos cansados, nadie hace nada, y a mí me da una impotencia ver al padre de Lucas (Bentancort) acá entre nosotros, removiendo toda la mierda que le tocó vivir, porque no tenemos una respuesta”, comentó otro de los vecinos.

Fuego en la Comisaría

A las 20 se inició la concentración de vecinos y fue el subjefe Departamental, Cesar Primo, quien recibió al grupo. Se le plantearon todo tipo de reclamos, que en su gran mayoría apuntaron a los motivos por los cuales este sujeto no había quedado detenido. El funcionario policial explicó las causas, pero esto no convenció a la manifestación.

Comenzaron a pedir por la presencia de la fiscal Natalia Bartolo y como método de presión se incendiaron dos cubiertas en la esquina de calle Gervasio Méndez y Bomberos Voluntarios. No se consiguió el objetivo de tener la presencia de la Fiscal en el lugar, pero como respuesta se decidió que la dueña de las bicicletas robadas – que tras hacer conocido el caso recibió la amenaza en su teléfono que su perro que despareció ayer iba a aparecer colgado – y el hombre amenazado con la barreta contaran con el botón antipánico en sus teléfonos celulares.

La situación se calmó, pero no se solucionó. Prometieron regresar si no hay respuestas a esta situación que tiene en vilo a los tres barrios más populosos del oeste. El barrio donde murió Lucas Bentancourt no ha cambiado en nada de junio a la fecha. Por las noches las calles se vuelven una boca de lobo, los comercios cierran sus puertas antes de la caída del sol por miedo y los pasillos se convierten en la trampa perfecta para la delincuencia.

Quién es el denunciado

A sus 35 años cuenta con una larga lista de hechos por los que cumplió dos condenas de prisión efectiva. Incluso muchos lo señalan como “el secuaz de Genaro Gutiérrez”, el joven de 19 años que espera por una condena por el crimen de Lucas Bentancourt.

Cuando tenía 29 años fue sentenciado en noviembre del 2011 por la Cámara del Crimen de Gualeguay por los delitos de Hurto Simple y Robo doblemente calificado, pero medidas cautelares lo alejaron de la prisión efectiva. La Justicia revocó esa excarcelación y en diciembre de 2013 fue llevado a la Unidad Penal de Gualeguaychú.

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Después de un largo tiempo esquivando las rejas,fue llevado a la cárcel para cumplir una pena de dos años y seis meses de prisión por ser encontrado penalmente responsable de los delitos de “hurto simple en grado de tentativa y robo doblemente calificado, escalamiento en grado de tentativa y resistencia a la autoridad”.

Una comitiva policial lo buscó en su domicilio del barrio 348 y de allí fue trasladado a la Jefatura Departamental, donde fue notificado de la resolución judicial que lo obliga a cumplir la pena en la Unidad Penal Nº 2.

Años después, en diciembre de 2017, recibió una pena de 1 año y 4 meses de prisión efectiva que cumplió en la Unidad Penal 9 El Potrero, y se convirtió en el condenado 131 del 2017. El 26 de septiembre de ese año ingresó a un domicilio en calle Gervasio Méndez al 2800, violentó un cerco perimetral y barreteó la puerta de ingreso, aprovechando que no había personas en el interior.

Ese día, cuando el personal policial de la Comisaría Sexta recorría la zona de calles Manantiales y Ñancay, lo cruzó en bicicleta trasladando los elementos sustraídos y les pareció sospechoso debido a su historial delictivo. Cuando percibió que lo seguía el patrullero, ingresó a un domicilio abandonado para descartarse del televisor, una guitarra y una mochila que contenía cortes de carne, un celular, un GPS, un cargador y un joystick.

El delincuente fue detenido y posteriormente, al rastrillar el barrio, se localizó la vivienda a la que había ingresado. En ese lugar, en la parte exterior y oculto entre la maleza, había dejado preparado para llevarse una soldadora eléctrica, una desmalezadora, una hidrolavadora y otras herramientas.

Fue llevado a Jefatura y luego fue liberado hasta la realización del juicio, pero dos meses después volvió a delinquir. El 26 de noviembre entró a una vivienda en Andrade al 2200 y sustrajo un televisor de 32 pulgadas, pero en esta ocasión también volvió a ser detenido.

Tres días después fue sometido a un juicio abreviado, en donde reconoció su autoría y acordó una pena que irremediablemente – debido a sus antecedentes – no podía ser de prisión condicional. Lo condenaron a 1 año y 4 meses de cárcel y de esta manera se convirtió en el condenado 131 del año.

Fuente: El Día

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