Elegir es desechar. Tomar una decisión implica jerarquizar las opciones y ponderar en virtud de nuestras expectativas. De eso se trata elegir: de echar luz sobre nuestras expectativas. No debe asustarnos poner la lupa sobre nuestra realidad, nuestros sueños y también sobre nuestras barreras. Saber lo que somos nos da equilibro. Permitirnos soñar nos da templanza. Conocer nuestras dificultades nos llena de valentía.

No leerás aquí ningún estímulo a fomentar nuevas grietas ni diferencias. Los argentinos hemos construido nuestra historia con decenas de antinomias que no han favorecido los encuentros y la armonía, sino más bien todo lo contrario. Monárquicos y libertarios; unitarios y federales; porteños y provincianos; peronistas y antiperonistas; River y Boca; Ford y Chevrolet, Ravioles y asado… y así podemos seguir hasta el infinito. Y sin hacer mención de los últimos tiempos, donde las diferencias parecen calar muy profundo en nuestra sociedad y comprometen las relaciones humanas y afectivas. Desde las ciencias médicas debemos evitar cualquier calificación binaria que nos continúe dividiendo.

Sin embargo, debemos reconocer que muchos profesionales o desde la cultura popular se han planteado estrategias distintivas a la hora de abordar dolores que nos aquejaron y entonces aparece otra histórica división: ¿Debemos aplicar frío o calor?

Es nuestra obligación profesional alejarnos de cualquier dogmatismo cuando nos referimos a la salud humana y desde CKEA nos ubicaremos en un punto equidistante para afirmar que no hay recetas mágicas y siempre un buen diagnóstico permitirá definir si debemos aplicar uno u otro.

Es que tanto el frío como el calor poseen propiedades para calmar el dolor, pero es bueno saber cuándo resulta conveniente optar por el más adecuado, y eso lo define el tipo de lesión, la parte del cuerpo lesionada y si ésta se produjo recientemente o hace algunos días.

El frío y el calor son dos de las terapias más comunes para aliviar los dolores musculares o de articulaciones. Pero cuando recurrimos a estas terapias en casa, nos aborda la duda de cuándo debemos aplicar una u otra.

Uno de los puntos a tener en cuenta es si la lesión se produjo hace menos de 48 horas, o se trata de un dolor que padeces desde hace días.

Como siempre, recomendamos tener como primer impulso asistir al médico especialista para evitar cualquier contrariedad y evitar la autoprescripción. No obstante, nos permitimos alcanzarte algunos tips a la hora de la decisión.

Si es reciente, aplica frío.

En las primeras 48 horas de la aparición del dolor, debes poner hielo en la zona donde sientas la molestia. Con esta técnica - la crioterapia - lograrás un doble efecto: que los vasos sanguíneos se cierren y que descienda la temperatura local. Al reducir el aporte sanguíneo disminuyen también los agentes que producen la inflamación, y se alivia progresivamente el dolor.

Veamos las lesiones que podés abordar con frío: esguinces, sobrecargas, fracturas, golpes, luxaciones o tendinitis. Es la primera medida en todas las lesiones porque disminuye la inflamación, calma el dolor, reduce la contractura muscular y favorece la recuperación.

Cómo usar la crioterapia: a) Aplícate sobre la zona afectada una almohadilla fría (cold-pack) que contiene un gel que se enfría previamente en el congelador y baja eficazmente la temperatura de la zona; b) También se comercializan bolsas de agua helada. El enfriamiento se consigue en unos 15 minutos y perdura un par de horas; c) También puedes usar un cubito de hielo y masajear la zona; d) La crioterapia está contraindicada en alérgicos al frío, problemas vasculares, diabetes, enfermedades cardiovasculares graves y enfermedades renales y viscerales.

Si te duele hace días; calor.

La termoterapia se basa en que el calor dilata los vasos sanguíneos y facilita la circulación, aliviando el dolor. También contribuye a una recuperación de la movilidad muscular y articular.

Es adecuado para calmar inflamaciones producidas días atrás y mejorar la rigidez muscular, logra aumentar la elasticidad del tejido. Se utiliza a una temperatura de entre 34 y 36 grados. En este caso, el calor relaja los músculos y reduce molestias.

Es decir, en el caso de que sufras alguna lesión, la mejor opción es aplicar calor, (siempre después de dejar pasar 48 horas) pues favorece el aporte de sangre y alivia la contractura. La termoterapia también es conveniente en caso de un malestar recurrente o dolores crónicos.

Veamos cómo podemos usar la termoteria: a) Si, por ejemplo, tienes molestias en el cuello, usar una manta eléctrica a media potencia y en períodos de tiempo cortos (5-10 minutos) varias veces al día; b) Para los problemas de espalda es más recomendable que apliques un calor húmedo. Utiliza una bolsa de agua o un paño caliente y cuando notes que se comienza a enfriar retíralo. Después, tapa la zona con una toalla para retener el calor; c) También existen alternativas como los sacos de legumbres, que se calientan en el microondas y van perdiendo el calor poco a poco.

Este tratamiento es muy efectivo, pero no es recomendable en caso de cardiopatía, apendicitis e inflamaciones agudas del aparato locomotor.

El arte de la aplicación.

El uso de estas técnicas es milenario. Constituye un reflejo atávico de la especie por evitar el dolor y lograr bienestar. Durante siglos la medicina ha buscado dar cuenta de estos procesos y ha experimentado, muchas veces, con la fórmula ensayo y error. En pleno siglo XXI, la investigación y el desarrollo, junto a la moderna tecnología nos brinda precisiones y certezas.

Durante un largo lapso, las intervenciones tenían como ejes productos caseros o alternativas naturales. Trapos calientes, ollas con vapor con algún vegetal o hielos envueltos en trapos han servido a lo largo de la historia para atender a estas necesidades.

Es bueno evitar consecuencias no deseadas, por lo que desde CKEA recomendamos siempre, cada vez que apeles al calor o al frío, no aplicarlo directamente sobre la piel para evitar lesiones dérmicas.

Sin embargo, si recurres en casa al frío o al calor con fines terapéuticos, debes tener en cuenta que la piel tiene a ambos una resistencia limitada y la exposición también debe tener un límite temporal.

Como cierre, conviene recordar, que el dolor es una señal del sistema nervioso que nos advierte que algo no anda bien. Es una sensación desagradable. Por lo que la aplicación de frío o calor sobre un punto de dolor sólo nos permitirá abordar las secuelas, el emergente, pero no la fuente y por eso sólo será un paliativo.

Estamos dispuestos a acompañarte en todo el proceso y nuestras profesionales están enfocadas en erradicar el malestar. Te invitamos a que nos consultes para realizar un diagnóstico adecuado a partir de las técnicas profesionales más modernas, la tecnología adecuada y el calor de nuestro equipo que entiende lo difícil que es sobrellevar un dolor en el cuerpo y harán todo lo posible por un estado general de bienestar. Te esperamos.

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