El presidente Alberto Fernández llegó esta mañana a Israel. En el aeropuerto internacional de Tel Aviv, el mandatario fue recibido por la ministra de Cultura y Deporte, Miri Regev; el director general del Ministerio de Relaciones Exteriores, Yuval Rotem; el director general adjunto para América Latina y el Caribe, Modi Ephraim, y la embajadora israelí en Argentina, Galit Ronen.

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El viaje fue tranquilo con excepción de algunos vaivenes que sufrió la aeronave cuando cruzaba el Océano Atlantico. La delegación presidencial, integrada por la primera dama Fabiola Yañez, el canciller Felipe Solá, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, el diputado nacional Eduardo Valdez y el vocero Juan Pablo Biondi, aprovechó las horas muertas para leer, ver viejas películas del cine italiano, un hit de Hollywood que protagoniza Brad Pitt e intercambiar chismes de palacio.

Los datos más comentado en la cabina de business fueron la conferencia de prensa del ministro Martín Guzman, la estrategia oficial del gobierno para aprobar sin obstáculos la ley de Renegociación de Deuda Externa que se tratará en Diputados y la posibilidad de enfrentar un “default selectivo” en los bonos de la provincia de Buenos Aires.

Axel Kicillof, arquitecto político de la estrategia financiera que pospone el pago de un porcentaje del capital hasta mayo, se lo veía calmo y distendido. El gobernador tuvo tiempo de recordar viejas anécdotas del Nacional Buenos Aires junto al presidente -los dos son exalumnos- y una señora mayor que conocía casi todos los secretos del Colegio ubicado a pocas cuadras de la Casa Rosada.

Pocos minutos después de la medianoche -hora del norte de África-, y cuando ya habían pasado los snacks de queso Gruyere, dulce de membrillo y castañas de Cajú, Juan Pablo Biondi recuperó internet en su celular y accedió a la centena de mensaje que se habían apiñado en su WhatsApp. El vocero presidencial revisó uno a uno sus mensajes y confirmó a Infobaeque habría audiencia oficial entre Alberto Fernández y el premier israelí.

“Se ven el viernes a las 11 de la mañana, en el despacho de Netanyahu”, dijo Biondi con una sonrisa amplia que compensaba sus ojos achinados por el sueño y el jet lag.

El presidente y su comitiva se alojan en el King David, un legendario hotel de Jerusalén que en su momento fue el cuartel general de las tropas inglesas. Hacia fines de julio de 1946, la organización judía Irgún perpetró un ataque que causó más de 90 muertos. Fue la réplica trágica y asimétrica a la operación británica Agatha, que detuvo a miles de judíos que regresaban a su tierra para pelear por la creación del Estado de Israel.

A las 18.30 (cuatro horas menos en la Argentina), Alberto Fernández abandonará el King David y partirá hasta la residencia de Reuven Rivlin, presidente de Israel. En la residencia se ofrecerá una cena de Estado que el presidente argentino compartirá con Macron, Putin y el Rey Felipe VI, entre otros invitados especiales, si es que arribaron a Jerusalén.

Alberto Fernández deseaba encontrarse con Netanyahu, Putin y Macron. El presidente ya confirmó la bilateral con Netanyahu, es muy probable que mañana tomé contacto con el presidente ruso y no se descarta en la delegación oficial que se corone la reunión con Macron. Sería un buen resultado diplomático, si se considera que hasta la semana pasada, Alberto Fernández había delegado en Solá este viaje histórico a Medio Oriente.

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