Creemos tener todo bajo control. Sentimos que las principales variables están sometidas a nuestras decisiones o deseos. Y así vivimos mucho tiempo. Hasta que de pronto irrumpe un hecho inesperado, inasible. Y así debemos enfrentarnos a las verdaderas disyuntivas de la vida y las opciones no son muchas. Esta discontinuidad nos interpela muy a fondo y es allí, en los lugares más recónditos de nosotras mismas, donde buscamos las fortalezas y convicciones que necesitamos. Es entonces que emerge el espíritu atávico por vivir y avanzar pese a todo. Es entonces que aparecen los valores de una mujer.

Entre la confusión y el dolor, no siempre es fácil determinar la zona que aqueja y mucho menos el origen. Pero los traumatólogos y kinesiólogos estamos acostumbrados a lidiar con una dolencia a las que muchos le atribuyen la culpabilidad al nervio ciático.

Veamos algunos testimonios que escuchamos en nuestro Centro de Kinesiología y Estética Armándola (CKEA) desde hace mucho tiempo. Los tomamos al azar y no son muchos, pero todos tienen la misma esencia. “Llevo un año sufriendo muchos dolores lumbares y no puedo ponerme los pantalones, subir una escalera o darme vuelta en la cama”, nos dice Gladys, una paciente de 54 años.

“Trabajo en una sucursal bancaria de la ciudad y tenemos un equipo de fútbol 5 que nos juntamos los miércoles. Cuando llego a casa y me baño no soporto el dolor. Esa noche no puedo dormir y muchos jueves debí faltar al trabajo por el insoportable dolor”, nos cuenta Ariel, de 38 años.

Y si ponemos un ejemplo más nos topamos con el caso de Joaquín, un joven de 22 años que dice que tiene “inflamación en los glúteos y pinchazos, pero no es permanente sino que varía y a veces se me pone duro y se tensa la región lumbar. A veces sube por la columna y a veces baja por las piernas. En esos momentos el dolor es muy fuerte”.

Sin dudas que estos casos reflejan lo que llamamos Síndrome Piramidal y como vemos tiene algunas particularidades: afecta a varones y mujeres, no discrimina edad ni condición física, en todos los casos el reflejo inmediato es dolor intenso y tensión muscular y la mayoría de las veces suele confundirse con otro tipo de lesiones.

En estos casos, el disparador puede ser una contractura, un espasmo o un golpe que pueden desencadenar el síndrome piramidal que nos va a dar mayor sintomatología cuando estemos un rato sentados, parados o caminando, ya que es un músculo que atraviesa el sector posterior de la pelvis, debajo de los glúteos.

Pero una gran dificultad que se nos presenta en el consultorio es que esta patología suele confundirse con problemas de columna y si el diagnóstico no es el correcto, los tratamientos siempre van a fallar. Por eso insistimos siempre desde CKEA en consultar a los médicos especialistas para disipar la más mínima duda antes de abordar un tratamiento. Adentrémonos un poquito más en causas, efectos y tratamientos de este problema que no debe ser subestimado.

Descripción.

El dolor es como un cuchillo clavado en el glúteo. Lo sabemos. Es que entre tantos músculos que componen la pelvis está el “Piramidal” que tiene un ojal por donde transcurre el nervio ciático, por lo cual, cuando este músculo sufre algún tipo de trastorno lo que hará será atrapar y comprimir el nervio, en un movimiento natural. Esto es lo que nos producirá el dolor en la nalga, como una puntada letal, y en ocasiones en todo el recorrido del ciático por la pierna.

Comúnmente, el Síndrome piramidal es una sobrecarga que afecta al nervio ciático. Esta sobrecarga o contractura puede generar un dolor más intenso del habitual si afecta a algún nervio cercano. Esto es lo que sucede con las contracturas o las sobrecargas del músculo piramidal o piriforme, un músculo situado en la parte profunda del glúteo, en la pelvis, con la función de realizar la rotación externa de la pierna, y cuya sobrecarga afecta este músculo.

En buen romance, digamos que esta sobrecarga y la contractura acortan la longitud del músculo, aumentando su volumen, y esto provoca una compresión sobre el nervio ciático.

Como ya lo dijimos, las causas pueden ser múltiples: trastornos articulares; acortamientos musculares; accidentes; golpes; caídas; artrosis de las articulaciones sacroilíacas; fallas en los gestos deportivos; patologías reumáticas; embarazo y algunos otros.

Este síndrome puede afectar a cualquiera que adopte una mala postura o una biomecánica deficiente, y entre los deportistas tiene especial incidencia en los corredores.

El colega español Marco Aurelio Toral describe cómo puede ocasionarse en algunos deportistas y esto nos dará una pauta más gráfica de lo que estamos hablando. “En el caso de los corredores, el origen del síndrome del piramidal está en la aplicación de una mala mecánica de carrera. Un corredor de fondo genera un número importante de impactos durante la carrera. Puede ocurrir que la musculatura estabilizadora, de la cintura pélvica, el glúteo medio, o el piramidal, no estén del todo trabajados para el ejercicio que hacemos o esté asumiendo una carga mayor de la que puede soportar. Entonces aparece el síndrome”, comenta el especialista.

Pero también puede ser ocasionado por utilizar un calzado no del todo adecuado a nuestra pisada, esto aumenta la probabilidad de desarrollar el síndrome del piramidal. Es posible que al correr nuestra pisada necesite mayor estabilidad aumentando la base de sustentación. Aquí, muchos entienden que se produce la sobrecarga o contractura del músculo, y esta coadyuva en la aparición del síndrome del piramidal.

Abordaje.

Aunque se trate de una dolencia que nuestra profesión estaría en condiciones de detectar, siempre es conveniente realizar una consulta médica correspondiente. En ese caso, se requerirán pruebas radiológicas para descartar otras patologías. El síndrome se puede detectar con radiografías y, para mayor precisión, con resonancia magnética.

Es que se han detectado casos en que el Síndrome Piramidal resultó ser secundario de algunas patologías o torceduras de tobillo o rodilla, que obliguen a caminar en rotación externa.

Los traumatólogos suelen prescribir el abordaje profesional para la recuperación y prevención del síndrome piramidal. Pero para tratarlo se indicará la utilización de fisioterapia. Sin embargo, muchos prefieren empezar con tratamiento de analgésicos, antiinflamatorios y relajantes.

En caso de contracturas o sobrecargas resistentes, podría darse el caso de que fuese aconsejable realizar infiltraciones de corticoides. Y en el último caso, apelando a un recurso extremo, los médicos podrían optar por la aplicación de cirugía ante un síndrome resistente. Sin embargo son muy inusuales casos tan extremos.

Desde CKEA entendemos que es un tema complejo y requiere el mayor profesionalismo y dedicación para su abordaje. Como es un eje inalterable en nuestro marco ético profesional, ninguna problemática puede generalizarse y cada paciente requiere y necesita diagnóstico, tratamiento y recuperación individual. En algunos casos se requerirá readaptación de la musculatura de toda la zona u otros sectores como cadera o rodilla, y en otros alcanzará con aplicación de protocolos de ejercicios adaptados. En fin, como siempre, recomendamos que se comunique con nuestro Centro y podamos conversar el tema y buscar la opción más segura para cada paciente.

Lo concreto es que afecta a muchas personas, pero eso no debe convertirse en un consuelo de nadie.

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