A veces es difícil tener que hacer una columna aclarando lo que es obvio. O lo que, al menos, debería ser obvio. Como que existe una ley hace casi 100 años que habilita a la interrupción de un embarazo en caso de que la mujer sea violada; o que contar detalles escabrosos sobre ese procedimiento viola los más elementales derechos de una persona.

Pero hay que hacerlo. Porque se viven tiempos donde lo obvio no parece serlo. Y donde algunos que dicen defender la vida o las dos -supuestas- vidas llegan a límites impensados con tal de imponer una forma de pensar.

Eso es lo que pasó en Concordia, donde una niña de 13 años solicitó en un hospital público interrumpir su embarazo porque había sido violada. Y ahí encontró el primer escollo: los pruritos, los prejuicios y la ignorancia de profesionales de la salud que se negaron a hacerlo, en parte porque no están de acuerdo -aunque es su obligación hacerlo a menos que sean objetores de conciencia- y en parte porque creyeron que debía haber una orden judicial. Donde no debe haberla, porque desde 2017 Entre Ríos está adherida al protocolo nacional que regula todo lo vinculado a las interrupciones legales del embarazo, y allí se expresa que con una simple declaración jurada alcanza.

Finalmente, y luego de la intervención de un abogado, el procedimiento se hizo. Parto espontáneo, feto en frasco, todo legal, todo de acuerdo al procedimiento. Llevó 15 minutos. Así lo indican las prueba recolectadas por el fiscal José Arias en el marco de la investigación donde ya declaró hasta el agente policial que llevó recipiente a la Justicia. Hay historia clínica que lo respalda.

Pero entonces se publicó una nota donde se dijo que, aparentemente, el feto había vivido 10 horas. Y de nuevo lo obvio. Porque al margen de horrendo avasallamiento de los derechos de privacidad en la práctica sobre una menor violada, nadie que tenga los más elementales conocimientos de Medicina puede creer que un feto viva ese tiempo, cuando los abortos en los países donde es un derecho -no en Argentina, donde fue negado por el Congreso- el aborto llega incluso a la semana 24 de gestación. Este tenía 20.

Y de nuevo lo increíble. Cientos de personas llamando a derogar un protocolo que sólo regula lo que ya existe hace 100 años, cargando sobre las espaldas de una niña violada de 13 años una maternidad forzada, como si fuera una bendición. Y el oportunismo político de legisladores a los que se les ocurrió presentar proyectos en ese sentido. E imágenes falsas de un supuesto feto -ratificado de nuevo, en la Justicia-; y escraches a una jueza que no tuvo nada que ver y a un Ministerio que sólo cumple con la ley. Nadie preocupado por la nena, todos preocupados por un feto. Que nunca vivió luego del aborto.

A veces es difícil tener que escribir una columna aclarando lo obvio. Pero hay que hacerlo. El aborto en caso de violación es legal. No se necesita una orden judicial. Contar detalles está mal. Cargar una maternidad forzada sobre las espaldas de una niña también.

Las sociedades caminan para adelante, nunca para atrás. Y algún día el aborto será legal en Argentina. Y entonces no hará falta nuevamente aclarar lo obvio. Será más temprano que tarde, cuando se entienda que la maternidad es una elección, y no una imposición ni una bendición.

Hasta tanto habrá que, evidentemente, seguir aclarando lo que parece obvio.

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